9 de noviembre de 2007

Don´t push the PANIC button!

Recuerdo cuando era pequeña y papá me llevó a una exposición sobre la naturaleza y los humanos. Debía tener 3 o 4 años, no más. Recuerdo que había un árbol, sintético. Se veía como crecía, tardaba un par de minutos. Apretando un botón en apenas 3 segundos se talaba. Me encantaba apretar el botón, aunque era tedioso verlo crecer.

Años después comprendí que, por muy divertido que sea, las consecuencias de apretar ciertos botones son realmente terribles. Es tan increiblemente sencillo, destruir. En segundos.

No me gusta autodestruirme, aunque a veces necesite tocar fondo. No me gusta hacer sufrir a los demás y tampoco me gusta sufrir a mi. Está en mi naturaleza, apretar botones. Está en la naturaleza de la mayoría de los humanos. Pero también está en mi naturaleza explorar nuevas formas de construir. Y para tocar fondo no es necesaria la autodestrucción, o al menos no para tocar el tipo de fondo del que hablo.

Pese a todo ahora mismo me cuesta terriblemente no apretar botones. Hago verdaderos esfuerzos para no tocar nada, buscando una asepsia emocional casi imposible. Pero realmente merece la pena intentarlo. Claro que si.

I promise I won´t push any button.

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