26 de octubre de 2007

Muchas veces me he cansado de esto, me dices. Pero le quiero y así funciona el amor: aguantas lo inaguantable.

Yo te miro y pienso que es tristemente cierto. Pienso también que no tendría por qué ser así y que cuando todo se complica tanto quizá ya no estemos hablando de amor, bueno, quizá no: seguro que no. No me atrevo a ponerle nombre, aunque quizá sea la mezcla de muchos: necesidad, cariño, acomodamiento, costumbre, circunstancialidad, rutina... y sí, un fondo de amor queda, imagino, o idealización, yo que sé.

A lo mejor amas la persona que conociste, que no tiene nada que ver con la persona que ahora tienes delante, ni siquiera la carcasa. No digo que siempre tenga que ser así, ojo. Se que el enamoramiento es distinto del amor, que la pasión varía con el paso del tiempo, sí, todas esas cosas. Pero de ahí a decir que el amor funciona aguantando lo inaguantable...joder, es que de verdad, me parece demasiado triste limitar tanto las relaciones, reducirlas hasta ese extremo, condicionarse así. Imagino que hay un punto del que es difícil retornar. Creo que no tengo la paciencia necesaria para retornar de ese punto. En cualquier caso, es cosa de dos, eso, y aunque yo la tuviera es posible que, desacoplados al llegar a tal extremo, la otra persona podría no tenerla.

Mientras pienso todo este batiburrillo tú ya has cambiado de tema un par de veces más, aunque tampoco esperabas ninguna respuesta salvo mi asentimiento de cabeza.

Cuando terminamos la conversación te marchas a casa, a seguir aguantando lo inaguantable en nombre del amor. Y yo me meto a la biblioteca con las mejores intenciones de estudio, aunque sea viernes tarde , pero no consigo colársela a mi mente.

Y aquí estoy.

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