3 de octubre de 2007

Llueve. Ya no es una lluvia furiosa. Llueve y me quitaría toda la ropa y me tumbaría en la tierra hasta que la lluvia y la tierra me cubrieran por completo, hasta que no quedara nada más que un pequeño montículo. Hay muchos modos de reirse de una misma. La mayoría no hacen ni puta gracia.

(A mi sí. Hasta llorar. De la risa, claro.)

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