2 de septiembre de 2007

La vida se pasa. Los hijos entierran a los padres. Algunos padres, a sus hijos. La muerte duele más para los que se quedan, muchas veces, que para los que se marchan. No quiero recordar a mis muertos, ni a los muertos que, aunque no son míos, duelen como si lo fueran. Y no puedo evitar recordarlos, a todos, cada vez que alguien más se marcha. Prefiero recordarlos vivos, hacerlos vivir para siempre así.

La vida es esto, también. La muerte. El ciclo. Pero duele.