26 de septiembre de 2007

No me gustan los hoteles de la muerte.

De verdad, no los soporto, me dan grima. Me dan grima las palabras vacías, me da grima hablar de banalidades delante de carcasas vacías que alguna vez contuvieron una vida entera. Me da grima el olor a flores agrias, el gesto fingido, los pésames obligados.

Y sobre todo me da muchísima tristeza. Una tristeza que se cuela por los rincones, en cada paso, que se pega al alma aunque el muerto no te toque demasiado cerca.

Al menos había rosas en la corona del muerto. Qué irónico es todo.

23 de septiembre de 2007

Caídas siempre habrá. Pero seguiremos en pie. Sí, seguiremos. La vida también es esto.



Este no era el verano del fin del mundo...
...ha sido el verano del comienzo.

12 de septiembre de 2007

[Pseudodiario: Del Sadismo como profesión]

Odio los hospitales y las vías y la anestesia y el olor y las batas y el dolor de los rostros, terminales o no.

Me están saliendo las muelas del juicio, no puedo obviarlo más tiempo.

Valor y al dentista. A decírselo, claro, que ir fui hace menos de dos meses y me dijeron que tooodo estupendísimo. No da mucha confianza que no hayan visto nada raro...pero tampoco lo tenía yo claro hasta hoy, momento en que mi dolor mandibular no puede achacarse a bruxismos de ningún tipo ya.

Al menos la persona que me dado cita es un encanto de mujer, cosa que se agradece infinitamente.

Deseadme suerte. La voy a necesitar.

PD. ¡Vuelvo a tener microvacaciones! Y quizá pueda hacer eso de tomar mojitos vegetando al sol en alguna playa del sur, aunque no sea en la Polinesia Francesa ^-^

3 de septiembre de 2007

43/100

No estoy para metafísicas de ningún tipo. Si por mi fuera me pasaría los días bebiendo mojitos en alguna playa del sur. Vegentando al sol. Pero claro, no puede ser. Y creo que acabaría aburrida, al menos al cabo de un par de meses. No quiero estudiar, me cuesta horrores concentrarme, me busco mil excusas y gasto una energía terrible desmontándomelas para ponerme. Como ahora, aquí, escribiendo esto.

Arf.

2 de septiembre de 2007

La vida se pasa. Los hijos entierran a los padres. Algunos padres, a sus hijos. La muerte duele más para los que se quedan, muchas veces, que para los que se marchan. No quiero recordar a mis muertos, ni a los muertos que, aunque no son míos, duelen como si lo fueran. Y no puedo evitar recordarlos, a todos, cada vez que alguien más se marcha. Prefiero recordarlos vivos, hacerlos vivir para siempre así.

La vida es esto, también. La muerte. El ciclo. Pero duele.

1 de septiembre de 2007

Promesas que no valen nada.

En esas cinco palabras se resume todo lo demás.

No quiero excusas, tampoco quiero explicaciones. No las hay. Si alguna vez lees esto, (no se si has vuelto a husmear donde no te llaman y donde tú misma afirmas no husmear) espero que todavía te quede la suficiente honradez contigo misma para hacer lo que tienes que hacer.